martes, 21 de febrero de 2017

Llegar al final sin rendirse




Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.


                                       Julio Cortázar








Tú sabías lo que sentías, y como lo sentías, era lo que querías. Ahora solo puedes imaginarlo, ni tan siquiera recordarlo. Duele, duele demasiado y estás cansada de tanto dolor, cansada de estar cansada. 

Quieres avanzar, lo intentas, pero tus pasos son cautelosos , porque aunque ya no esperas nada, no te fías del destino.
Cuando tu corazón late rápido, intentas calmarlo, aunque a veces resulta difícil, los malos pensamientos llegan para nublar tu mente. La presión, es demasiado intensa. Sentir que te ahogas, que no puedes respirar, que tus propias lágrimas se niegan a aliviar tu alma, ataque de ansiedad le llaman. Es solo pena.

Una pena inmensa que va ganando terreno. Es una lucha constante, una batalla contra un poderoso enemigo, un oportunista que toma miles de formas, que ataca por traición porqué quiere apoderarse de tu alma, haciendo que hasta la luz de la luna y su reflejo en tu mirada, duela.

Pena traidora que te aleja de todo lo bueno, que te arrincona, que no te deja razonar y que te hace parecer una estúpida marioneta, porque ya no eres tú, no te reconoces, tampoco te importa. Estás tan lejos de todo. Como tu alma, abandonada y vacía, tu mundo solo es gris, un mundo de sombras oscuras, donde solo existe el sueño.

Dormir, para no pensar, para no recordar, para no enfrentarte a tus fantasmas, los reales y los imaginarios, depresión, le llaman.  Yo creo que tan solo estas atrapada, engullida como Jonás en su ballena , desorientada, como una brújula sin norte, porque todo lo que pensabas, creías, sentías real ya no lo es , ha desaparecido, se ha esfumado como por arte de magia.

Magia, porque aunque ha pasado delante de tus ojos, no te has dado cuenta si quiera y estás  intentando descifrar el truco, pero no hay truco, solo hay niebla, niebla espesa y profunda, un día y otro.

Hasta que un día, todas las lágrimas que estaban estancadas, todas las lágrimas que no se atrevieron a caer anegando el corazón, es escapan rodando sin rumbo.
Y te duermes tranquila. Y te levantas y compruebas que la niebla ha desaparecido durante la noche y el martilleo constante que has sentido durante tanto tiempo en la sien ha desparecido.

Y entonces quieres que el aroma a invierno abandone tu vida, que siga su rumbo. Quieres dejar de pensar que destino volverá a esquivarte de nuevo, que podrás salir de esa habitación oscura en la que te habías refugiado y se llamaba soledad.

Y abres esa puerta que una vez se cerró para llegar al final sin rendirte y te empapas del aire fresco y limpio
del amanecer.

De un nuevo amanener.






Fotografia : Luis López  

                         @luislo1969

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